martes, 13 de diciembre de 2011

Martes y 13, definitivamente un mal día.

Se acaba el día martes y 13.

Esta mañana me levanté pensando que era un día como otro cualquiera, pero al llegar a la oficina me di cuenta que era Martes y 13, y me dije a mi mismo, "bah, martes y 13, no pasará nada", y vaya si ha pasado.

Uno se levanta pensando en echar la mañana trabajando tranquilamente, y ha sido un día frenético en el trabajo, por la mañana pero sobre todo por la tarde. Me he agobiado mucho. Y para rematar la faena abro el correo y el alma se me ha caido al suelo. Muy malas noticias. 

Cuando pasan cosas así uno no puede resignarse a que las cosas vayan mal, como me ha dicho una compañera, preocúpate si tiene solución, si no la tiene, no te preocupes. Pero he aquí el problema, no se si tiene solución o no. Es algo complicado, la vida nos pone grandes obstáculos por delante y son muy, muy difíciles de superar. Pero algo me dice en mi interior que este problema, que es muy grande para mi, al final lo recordaré como una dura prueba que superé, con la ayuda de mi voluntad y de mi esfuerzo. Hay en juego una cosa muy importante que nos pasamos la vida buscándola.

Ya no rezo, la verdad es que lo he hecho muy pocas veces en mi vida, y no ha servido para nada, lo que hago es desear las cosas con muchísimo ímpetu, con toda la energia que soy capaz de transmitir, con mi esfuerzo, con mis palabras, con mi voluntad. En eso confío.

Escribo esto de forma pública por que hay veces en las que una persona necesita expresar lo que siente al mundo, gritarlo, para desahogar todo el sufrimiento, todo el ardor, todas las sensaciones internas, y que bullen en mi interior.

Prometo escribir de nuevo del tema cuando se arregle, pues espero que se arregle, no puedo desear otra cosa. Una parte de mi vida, pasada, presente y futura está en juego.

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